The one in which I force my students to read their own work.

So, hi, everyone! This is the very first post I write in English here, but I guess it was only fair to my students to do so. Throughout this trimester, the English V group has been actively blogging, and the results are rather impressive. Congratulations, guys! If you want to take a look at your classmates’ blog – and it’s not actually a mere suggestion; I encourage you to do so -, please, open the following links:

http://yaryweb.wordpress.com/

https://bumfuzzlegirl.wordpress.com/

https://meduva13.wordpress.com/

https://gabrielga296.wordpress.com/

https://mardybum709.wordpress.com/

http://isamarlopezchacon.wordpress.com/

https://anabeablog.wordpress.com/

https://mybriefcaseblog.wordpress.com/

http://spinaz.wordpress.com/

https://englishvweb.wordpress.com/

http://englishvsebas.wordpress.com/

https://jonmora18.wordpress.com/

https://joserafaelangarita.wordpress.com

https://raizabarreto.wordpress.com/

https://erneskys.wordpress.com/

https://silup19.wordpress.com/

https://english5web.wordpress.com/

Feel free to snoop around and make comments. I was actually pleasantly surprised, although some of you need to catch up and complete some of the assignments. If you cannot see any of your classmates’ blogs, please, send them a message and tell them to (re)send me the link to their website. See you in class, then!

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De viñetas históricas e ideales de libertad.

En Venezuela, el 19 de abril representa una fecha de gran importancia histórica puesto que, en 1810, se da el primer paso hacia la independencia del dominio español. Si actualmente somos un país independiente o no es harina de otro costal y, francamente, hoy no me apetece diseccionar la idea de la independencia como constructo social. En lugar de eso, dejaré una viñeta de Kate Beaton que tiene como protagonistas a Simón Bolívar y Antonio José de Sucre. Ambos son figuras centrales en la historia de nuestro país y resulta interesante ver la perspectiva que de ellos y de nuestra historia tiene una ilustradora extranjera.

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De la eterna sabiduría de don Linus Lannister.

Uno de los personajes más ocurrentes de Peanuts es, sin lugar a dudas, el pequeño Lino. Es un niño muy dulce que cree en la Gran Calabaza y que, dentro de su inocencia, es capaz de hacer comentarios increíblemente astutos y sagaces. Hace un tiempo ya, me tropecé con este mash-up entre Peanuts y A Song of Ice and Fire. Lamentablemente, desconozco quién modificó la tira y si viola algún tipo de derecho de autor Las reflexiones pertenecen a Tywin Lannister, el patriarca de una de las familias más poderosas de Westeros. A pesar de sus obvias diferencias, esas palabras fácilmente pudieron haber sido dichas por Lino, un chico que decide ser feliz y marchar al compás de su propia música.

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De colas interminables en las que vez la vida pasar.

Hacer amigos por correspondencia ha resultado mucho más sencillo y menos aterrador de lo que pensé. Todas han sido muy amables y ya he empezado a intercambiar correspondencia con varias de ellas. La conversación es fluida y amena, pero inevitablemente, cuando llegamos al tema de la vida en Venezuela, me fallan las palabras y no sé qué decirles. ¿Cómo explicar los últimos diecisiete años? ¿Cómo explicar el sistema? ¿Cómo explicar una cola? ¿Cómo esperar que te crean si ni tú misma lo crees?

Es deprimente saber que la única manera de conseguir algo a “precio justo” es hacer una fila. Una fila que depende de tu terminal de cédula. Una fila que puede durar horas o días. Una fila de la que puedes salir con lo que buscas o no. Una fila en la que te sientes vulnerable porque nunca sabes si alguien más decide hacer de las suyas bisturí en mano a mitad de la madrugada o a plena luz del día. Una fila que puedes evitarte si pagas diez veces más por lo que necesitas en el mercado negro. Una fila llena de caras que gritan rabia, conformismo y resignación. Una fila que no debería ser, pero es.

Así que la opción es explicar, en términos simples y claros, lo que significa para nosotros vivir en este país. Caer en fanatismos es inútil; ni el cajero ni la bala te preguntan por tu afiliación política. Gobiernos van y gobiernos vienen, pero la sociedad sigue y en nuestras manos está cambiar nuestro destino o seguir en nuestra cola mirando la vida pasar.

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De feminismo, pen pals y Hermione Granger.

En medio de su cruzada feminista con UN Women, Emma Watson decidió llevar su causa a Goodreads y establecer un club de lectura llamado Our Shared Shelf. En este espacio, miles de personas alrededor del mundo comparten activamente su amor por la literatura y el eje central de las discusiones es la igualdad de género. Si bien es cierto que pertenezco a ella, no le había prestado demasiada atención sino hasta hace un par de días cuando noté un foro de discusión particular.

Pen Pals anyone (Mail meet up!) tiene una premisa simple: establecer correspondencia con personas de gustos afines alrededor del mundo. Tradicionalmente, se envían cartas, postales o paquetes pequeños a través del servicio postal. No he recibido correspondencia física desde mis días de asistente en Gales, así que decidí seguir el impulso y escribirle a algunas personas. Y no, recibos de pago no cuentan. Para mi sorpresa, casi todas respondieron y han sido muy amables. La mayoría de ellas no están muy familiarizadas con el proceso y puede que no logremos llevar el asunto muy lejos; podrían pasar meses entre enviar una carta a Nueva Zelanda o Australia y recibirla. Sin embargo, una chica croata muy amable aceptó escribir por correo electrónico y ya tenemos una mejor idea de las personalidades de cada una después de un par de intentos. Otra muchacha alemana envió su dirección física, así que buscaré una postal bonita para enviarle lo antes posible.

Los amigos por correspondencia son una forma genial de conocer personas alrededor del mundo. Ya he dicho varias veces que escribir no es mi fuerte, pero nunca está de más hacer el intento. Ahora solamente queda esperar a ver cómo resulta y agradecer a Emma Watson por Our Shared Shelf.

Del aprendizaje significativo y por qué detesto estudiar.

Hay en el ciberespacio una cita atribuida a Natalie Portman en la que ella expresa su rechazo al estudio y su amor por aprender. Antes de desechar esta afirmación como tonterías de actriz, debemos recordar que Portman tiene, además del reconocimiento de la  industria del cine, un impresionante recorrido académico en el área de las llamadas ciencias duras. Esto hace que sus declaraciones sean aun más insólitas y difíciles de digerir, pero no puedo evitar estar de acuerdo con ella. Estudiar y aprender suelen asociarse fácilmente, pero, en realidad, son dos nociones tremendamente distintas y la primera no necesariamente conduce a la segunda.

Para alguien tan impaciente como yo, estudiar es sinónimo de rutina, disciplina y, francamente, tiempo perdido. Las teorías son valiosas y necesarias, está bien, pero de nada me sirven si no puedo aplicarlas, si no hay uso práctico, si son sólo tinta y papel. Palabras que se van con el viento o con las palabras de alguien más en posición de poder. Blah, blah, blah… blah, blah. Puedo sentarme y leer, incluso puedo llegar a entender, pero el trecho entre entender y aprender sigue siendo muy largo. Si no significa nada, la información se pierde mientras me pregunto a mi misma si tomar la quinta taza es sobredosis de café o si de verdad estoy gorda o si compré pan ayer. Y sí, soy docente; la ironía del asunto está ahí gritándome a la cara. La hipocresía de pedirle a alguien que invierta su tiempo en información que quizás sea inútil cuando la intención es guiar y no imponer. Aprender nunca es inútil. Cuando aprendes, hay interés y hay amor. Enseñar a estudiar no es suficiente; hay que aprender a aprender por el placer de aprender.

De rechazos, laberintos, y cocinas ajenas.

Uno de los espacios más personales que pueden encontrarse en una casa es la cocina. La habitación, ciertamente, es sinónimo de descanso e intimidad. En el baño se descubren lo similares que pueden ser nuestras miserias. Sin embargo, comemos para vivir y la cocina es el reflejo perfecto de la personalidad de los habitantes. En ella aparecen ciertos códigos que, tácitamente o no, permiten obtener una comida deliciosa para nutrir nuestro cuerpo y nuestra alma. Cada taza, cada plato, cada olla; todos tienen un uso más o menos específico que intimida al extraño que se atreve a encender la hornilla de una estufa desconocida.

Aunque me encanta cocinar y soy relajada con la dinámica del lugar donde vivo, las cocinas ajenas suponen un problema para mí. Algo tan simple como no saber dónde está la sal me incomoda; mejor ni hablar de usar la olla incorrecta. Puede que conozca la receta tan bien que pueda hacerla automáticamente porque se me antojó algo que sé que es rico para almorzar, pero no es mi espacio y jamás quedará igual. Mejor no hablar del miedo a que ese plato que nació de tanto estrés no le agrade al comensal. Rechazar comida es rechazar a quien la prepara; es rechazar la posibilidad que el otro te alimente y contribuya a tu existir. Eso asusta, eso duele. Es la razón por la cual me cuesta cocinar para otros. Ofrecer comida es ofrecer amor y nadie quiere ver cómo se desprecia. Sin embargo, siempre se hará el esfuerzo y quizás, poco a poco, se haga mucho más sencillo y ya no asusten las cocinas ajenas.