Una buena amiga comentaba que, antes de tomar una decisión importante, siempre elabora una lista de pros y de contras que le permitiera evaluar la situación. Como alguien muchísimo más impulsiva en materia personal, me resulta curioso y algo inútil gastar tanto tiempo y energía en meditar en lugar de hacer algo al respecto. Sin embargo, los últimos días me han demostrado que quizás ella tenga un buen punto: todo se ve muy distinto desde afuera. No es casualidad que todos parezcamos tener opiniones bien formadas sobre las acciones de otras personas, pero que en ocasiones fallemos miserablemente en evaluar las nuestras. La distancia amplía el panorama y vuelve extraño lo que nos es familiar. Esto nos hace salir del letargo y comenzar a reaccionar. Esto genera un cambio y siempre es necesario cambiar.

Para mantenerse vivo, todo sistema debe ser sometido a una serie de modificaciones. Lo estable es seguro y confiable, pero deja de ser relevante con el tiempo y debe morir. Inútil, a pesar de lo que en algún tiempo fue. El cambio duele, es verdad. Dejar lugares, momentos y gente atrás te obliga a examinar tus decisiones y quizás no te guste el reflejo que muestra tu espejo. Es entonces cuando entiendo las listas de mi amiga: actuar es necesario, pero se requiere valor para exponer tus ángeles y tus demonios en un trozo de papel.

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